El verano
El verano Pero esto se parece todavía a una moral y vivimos para algo que va más allá de la moral. Si pudiéramos nombrarlo, ¡qué silencio! En la colina de Santa Salsa, al este de Tipasa, el atardecer está habitado. En realidad, todavía hay luz, pero, en la luz, un invisible desfallecimiento anuncia el fin del día. Se levanta un viento, ligero como la noche y de pronto el mar sin olas toma una dirección y corre como un gran río infecundo de un extremo al otro del horizonte. El cielo se oscurece. Entonces empieza el misterio, los dioses de la noche, el más allá del placer. Pero ¿cómo traducir eso? La pequeña moneda que me llevo de aquí tiene una cara visible, hermoso rostro de mujer que me repite cuanto he aprendido en esta jornada, y una cara carcomida que noto entre mis dedos a la vuelta. ¿Qué puede decir esta boca sin labios, sino lo que me dice otra voz misteriosa, dentro de mí, que me enseña cada día mi ignorancia y mi felicidad?: