Escritos libertarios
Escritos libertarios Pero la nación tenía que vivir: Hungría, en 1867, eligió la vía del compromiso…
Fraternalmente,
Miklós Molnár © DR.
Hace unos meses, recibí a un joven y simpático soviético que me sorprendió mucho al quejarse de que los grandes escritores rusos no se tradujeran lo suficiente al francés. Le expliqué que la gran literatura rusa del siglo XIX era, de todas las literaturas de la época, la que se había traducido más y mejor entre nosotros. Su sorpresa también fue mayúscula cuando le dije que, sin Dostoievski, la literatura francesa del siglo XX no sería lo que es. Para terminar de convencerlo, le fije al fin: «Se encuentra usted en el despacho de un escritor francés muy implicado en el movimiento de ideas de su tiempo. ¿Qué dos retratos se encuentran en esta mesa?». Se dio la vuelta en la dirección que le indicaba y se le iluminó el rostro al ver los retratos de Tolstói y Dostoievski.
La luz que vi en el rostro de mi joven amigo y que, por sí sola, haría olvidar todas las tonterías y las crueldades que se acumulan hoy para separar a los hombres, no la atribuí ni a Rusia ni a Francia, sino al genio de la creación que brilló por encima de las fronteras y que se siente en el trabajo, casi sin tregua, en toda la obra de Dostoievski.
