Escritos libertarios
Escritos libertarios Los anabaptistas de Francia, ciudadanos, nos han mandado a algunos delegados para hacernos saber que su culto y su moral les prohibían llevar armas y para pedirnos que los utilicemos en el ejército para otro servicio. Hemos visto corazones sencillos y hemos pensado que un buen gobierno debía emplear todas las fuerzas para la utilidad común, por eso os invitamos a utilizar hacia los anabaptistas la misma benignidad que constituye su carácter, impedir que se los persiga y concederles el favor que piden.
Un derecho que unos patriotas tan recelosos como los de 1793 concedieron a los objetores de conciencia de su tiempo, ¿puede la Francia actual, cosignataria de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, negárselo por mucho tiempo a jóvenes que se ofrecen a servir de forma más útil al país de lo que podrían haber hecho en la condición militar, incompatible con las exigencias profundas de su naturaleza moral?
Estos hombres, hoy un puñado, que reverenciaremos, en una época que quizá no es tan lejana, como precursores, ¿qué hacen sino mostrar el camino a los gobernantes de todos los países que aseguran todos los días que trabajan por el desarme universal?
Únicamente son culpables de haberse adelantado a su tiempo, ¿por eso hay que tratarlos como a los peores delincuentes y dejarlos agonizar en la prisión?