Escritos libertarios

Escritos libertarios

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A una pregunta sobre el «problema social», Camus está de acuerdo en que se trata de un problema grave que un escritor debe abordar con circunspección. Hay que evitar «ocuparse de la condición obrera» y caer en las trivialidades a la Ilyá Ehrenburg… o «en el escultismo de la acción social». Sin caer en el error del arte por el arte (error fundamental), conviene tratar ciertos temas con prudencia, sin perder de vista que se escribe «para ser leído». La comunicación y la solidaridad con la sociedad humana son necesarias; por lo tanto, hay que dirigirse al mayor número posible de personas, sin por eso dejar de centrarse en la obra de arte. Comparemos, por ejemplo, a Gide y Tolstói. Del primero, podemos decir que ayudó a cierta liberación; pero es el tipo del hombre de letras que no escribiría para el pueblo. En cambio, Tolstói, el gran terrateniente, escribió una obra comunicable a todos los hombres y que conserva, sin embargo, todas las características de la obra de arte. Si bien el objetivo del escritor es escribir para el mayor número de personas posible, no debe ocultarse la dificultad que entrañan las exigencias de la obra de arte. «Así», dice Camus, «cuando escribí “Los mudos”, un cuento corto que figura en El exilio y el reino y que trata de una huelga en una tonelería de Argel, me sentí muy inquieto. No podía perder de vista que describir con éxito una huelga, o más exactamente sus efectos, en un lenguaje comunicable, es un trabajo muy delicado. ¡Ojalá lo haya conseguido!».


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