Escritos libertarios
Escritos libertarios Lo que a veces me molesta en su revista (no siempre, es verdad) es cierta complacencia que acaba por parecerse a lo que no me gusta de la literatura actual. Cuando un productor burgués hace deprisa y corriendo una birria cinematográfica que le aportará millones, gracias a las curvas de una estrella fabricada en seis meses, ¿por qué darle la razón escribiendo que estas curvas hacen pasable la película? Como todo el mundo, tengo mis ideas y mis gustos sobre las curvas. Pero las curvas son una cosa y la cultura de clase otra, y la empresa degradante del cine burgués debe juzgarse de otra manera. Además (se trata de detalles, pero los elijo para que se me comprenda y solo por eso), es cierto que jugar a la belote en el bar de la esquina no es inferior al cóctel mundano. Pero precisamente el cóctel mundano no vale nada. Así pues, ¿por qué comparar? Jugar a las cartas tiene cosas buenas (para esclarecer el tema, añado que aquel es el único juego de cartas que me entusiasma), pero no necesita una revista para ser famoso. Se defiende solo.