Los justos
Los justos KALIAYEV. —(dominándose). No me conoces, hermano. Amo la vida. No me aburro. Entré en la revolución porque me gusta la vida.
STEPAN. —Yo no amo la vida, sino la justicia, que está por encima de la vida.
KALIAYEV. —(Con visible esfuerzo). Cada uno sirve a la justicia como puede. Hay que aceptar que seamos diferentes. Tenemos que querernos, sà podemos.
STEPAN. —No podemos.
KALIAYEV. —(estallando). Entonces, ¿qué estás haciendo con nosotros?
STEPAN. —He venido para matar a un hombre, no para quererlo ni para reconocer su diferencia.
KALIAYEV. —(violentamente). No lo matarás solo, ni en nombre de nada. Lo matarás con nosotros y en nombre del pueblo ruso. Esa es tu justificación.
STEPAN. —(Con el mismo tono). No la necesito. Quedé justificado en una noche, y para siempre, hace tres años, en la cárcel. Y no soportaré…
ANNENKOV. —¡Basta! ¿Estáis locos? ¿Recordáis a quién nos debemos? ¡Somos hermanos, confundidos unos con otros, dispuestos a ejecutar a los tiranos para liberar al paÃs! Matamos juntos, y nada puede separarnos. (Silencio. Les mira). Ven, Stepan, debemos convenir señales…
(Stepan sale).