Los justos
Los justos KALIAYEV. —Voy.
DORA. —¡Espera! (A Stepan). ¿Tú podrÃas, Stepan, con los ojos abiertos, tirar a quemarropa sobre un niño?
STEPAN. —PodrÃa, si la organización lo ordenara.
DORA. —¿Por qué cierras los ojos?
STEPAN. —¿Yo? ¿He cerrado los ojos?
DORA. —SÃ.
STEPAN. —Entonces fue para imaginarme mejor la escena y contestar con conocimiento de causa.
DORA. —Abre los ojos y comprende que la organización perderÃa su poder y su influencia si tolerara, por un solo momento, que nuestras bombas aniquilaran niños.
STEPAN. —No tengo bastante corazón para esas tonterÃas. El dÃa en que nos decidamos a olvidar a los niños, seremos los amos del mundo y la revolución triunfará.
DORA. —Ese dÃa la humanidad entera odiará a la revolución.
STEPAN. —Qué importa, si la amamos lo bastante para imponerla a la humanidad entera y para salvarla de sà misma y de su esclavitud.