Los justos
Los justos ANNENKOV. —Yanek tiene razón. Eso no estaba previsto.
STEPAN. —DebÃa obedecer.
ANNENKOV. —Yo soy el responsable. TenÃa que estar todo previsto para que nadie pudiera dudar acerca de su tarea. Lo único que debemos decidir es si dejamos escapar definitivamente esta ocasión o si ordenamos a Yanek que espere a la salida del teatro. Alexis, ¿qué dices?
VOINOV. —No sé. Creo que yo hubiera hecho lo mismo que Yanek. Pero no estoy seguro de mÃ. (Más bajo). Me tiemblan las manos.
ANNENKOV. —¿Dora?
DORA. —(con violencia). Yo hubiera retrocedido, como Yanek. ¿Puedo aconsejar a los demás lo que yo misma no podrÃa hacer?
STEPAN. —¿Os dais cuenta de lo que significa esta decisión? Dos meses de vigilancia, de terribles peligros corridos y evitados, dos meses perdidos para siempre. Igor detenido por nada. Rikov colgado por nada. ¿Y habrá que empezar de nuevo? ¿Otra vez largas semanas de vigilancia y astucia, de tensión incesante, antes de encontrar otra ocasión propicia? ¿Estáis locos?
ANNENKOV. —Dentro de dos dÃas, el gran duque volverá al teatro, lo sabes.
STEPAN. —Dos dÃas en que corremos el riesgo de que nos pesquen, tú mismo lo dijiste.