Los justos
Los justos ANNENKOV. —(con ira). ¿Está permitido entrar en la policÃa y hacer doble juego, como lo proponÃa Evno? ¿Tú lo harÃas?
STEPAN. —SÃ, si fuera necesario.
ANNENKOV. —(levantándose). Stepan, olvidaremos lo que acabas de decir en consideración a lo que has hecho por nosotros y con nosotros. Pero recuerda esto, se trata de saber si dentro de un instante hemos de lanzar bombas contra esos dos niños.
STEPAN. —¡Niños! Es la única palabra que tenéis en la boca. Pero ¿es que no comprendéis nada? Porque Yanek no mató a esos dos, miles de niños rusos seguirán muriendo de hambre durante años. ¿Habéis visto morir de hambre a los niños? Yo sÃ. Y la muerte por una bomba es un placer comparada con ésa. Pero Yanek no los ha visto. Sólo vio a los dos perros sabios del gran duque. ¿No sois hombres? ¿VivÃs sólo en el momento presente? Entonces elegid la caridad y curad tan sólo el mal de cada dÃa, no elijáis la revolución que quiere curar todos los males, los presentes y los por venir.
DORA. —Yanek está conforme en matar al gran duque, ya que su muerte puede anticipar el dÃa en que los niños rusos no se mueran de hambre. Eso no es fácil. Pero la muerte de los sobrinos del gran duque no impedirá que ningún niño se muera de hambre. Hasta en la destrucción hay un orden, hay lÃmites.