Los justos
Los justos STEPAN. —(Violentamente). No hay lÃmites. La verdad es que vosotros no creéis en la revolución. (Todos se levantan, menos Yanek). Vosotros no creéis. Si creyerais totalmente, completamente, en ella, sà estuvierais seguros de que con nuestros sacrificios y nuestras victorias llegaremos a construir una Rusia liberada del despotismo, una tierra de libertad que acabará por cubrir el mundo entero, si no dudarais de que entonces el hombre, liberado de sus amos y de sus prejuicios alzará al cielo la cara de los verdaderos dioses, ¿qué pesarÃa la muerte de dos niños? AdmitirÃais que os asisten todos los derechos, todos, ¿me oÃs? Y si esta muerte os detiene es porque no tenéis seguridad de estar en vuestro derecho. No creéis en la revolución. (Silencio. Kaliayev se levanta).
KALIAYEV. —Stepan, me avergüenzo de mà y sin embargo no dejaré que sigas. Acepté matar para abatir el despotismo. Pero detrás de lo que dices veo anunciarse un despotismo que, si alguna vez se instala, hará de mà un asesino cuando trato de ser un justiciero.
STEPAN. —Qué importa que no seas un justiciero si se hace justicia aun por medio de asesinos. Tú y yo no somos nada.
KALIAYEV. —Somos algo y bien lo sabes, ya que aún hoy hablas en nombre de tu orgullo.