Los justos
Los justos KALIAYEV. —(gritando). Otros… ¡SÃ! Pero yo amo a los que viven hoy en la misma tierra que yo, y es a ellos a quienes saludo. Por ellos lucho y consiento en morir. Y por una ciudad lejana, de la que no estoy seguro, no iré a golpear el rostro de mis hermanos. No iré a aumentar la injusticia viviente por una justicia muerta. (Más bajo pero con firmeza). Hermanos, quiero hablaros francamente y deciros por lo menos esto que podrÃa decir el más simple de nuestros campesinos, matar niños es contrario al honor. Y si alguna vez, en vida mÃa, la revolución llegara a separarse del honor, yo me apartarÃa de ella. Si lo decidÃs, iré dentro de un instante a la salida del teatro, pero me arrojaré bajo los caballos.
STEPAN. —El honor es un lujo reservado a los que tienen carruajes.
KALIAYEV. —No. Es la última riqueza del pobre. Tú lo sabes, y también sabes que hay un honor en la revolución. Por él aceptamos morir. Ese es el honor que te alzó un dÃa bajo el látigo, Stepan, y el que te hace hablar aún hoy.
STEPAN. —(gritando). Cállate. Te prohÃbo que hables de eso.