Los justos
Los justos KALIAYEV. —(arrebatado). ¿Por qué habÃa de callarme? Te dejé decir que yo no creÃa en la revolución. Eso equivalÃa a decirme que soy capaz de matar al gran duque por nada, que soy un asesino. Te lo dejé decir y no te pegué.
ANNENKOV. —¡Yanek!
STEPAN. —No matar bastante, a veces, es matar por nada.
ANNENKOV. —Stepan, aquà nadie comparte tu opinión. La decisión está tomada.
STEPAN. —Entonces me inclino. Pero repetiré que el terror no es para los delicados. Somos homicidas y hemos elegido serlo.
KALIAYEV. —(fuera de sÃ). No. Yo elegà morir para que el crimen no triunfe. Elegà ser inocente.
ANNENKOV. —¡Yanek, Stepan, basta! La organización ha decidido que el asesinato de esos niños es inútil. Hay que proseguir la vigilancia. Debemos estar dispuestos a empezar de nuevo dentro de dos dÃas.
STEPAN. —¿Y si los niños siguen con él?
KALIAYEV. —Esperaremos una nueva ocasión.
STEPAN. —¿Y si la gran duquesa acompaña al gran duque?
KALIAYEV. —No la perdonaré.
ANNENKOV. —Escuchad.