Los justos
Los justos DORA. —Pienso como tú. Entonces, ¿por qué estás triste? Hace dos dÃas tu rostro estaba resplandeciente. ParecÃa que ibas a una gran fiesta. Hoy…
KALIAYEV. —(levantándose, con gran agitación). Hoy sé lo que no sabÃa. TenÃas razón, no es tan sencillo. Yo creÃa que era fácil matar, que bastaba la idea, y el valor. Pero no soy tan grande y ahora sé que no hay felicidad en el odio. Tanto mal, tanto mal, en mà y en los demás. El crimen, la cobardÃa, la injusticia… Oh, tengo, tengo que matarlo… ¡Pero llegaré hasta el fin! ¡Más lejos que el odio!
DORA. —¿Más lejos que el odio? No hay nada.
KALIAYEV. —Está el amor.
DORA. —¿El amor? No, no es eso lo que hace falta.
KALIAYEV. —Oh, Dora, cómo puedes decir eso, a mÃ, que conozco tu corazón…
DORA. —Hay demasiada sangre, demasiada violencia. Los que aman de verdad a la justicia no tienen derecho al amor. Están erguidos como lo estoy yo, con la cabeza alta, con los ojos fijos. ¿Qué pinta el amor en esos corazones orgullosos? El amor curva dulcemente las cabezas, Yanek. Nosotros tenemos la nuca rÃgida.
KALIAYEV. —Pero nosotros amamos a nuestro pueblo.