Juvenilia

Juvenilia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Animé a Larrea cuanto pude, le di mis consejos (porque los porteños éramos cencés, ser tenorios consumados), y, por fin, me anunció un día que había hecho relación con la familia y que había organizado, de acuerdo, un baile para el sábado próximo, baile al que debíamos concurrir siete u ocho de nosotros, siempre que nos hiciéramos preceder por algunas libras de yerba y azúcar, algunas botellas de cerveza y ginebra, etc. Larrea me abandonaba la elección de los convidados y me pedía los acompañara al sitio de la fiesta, donde él se encontraría desde la primera hora.

Como se comprende, era necesario escaparse.

Comuniqué la nueva a Eyzaguirre, candidato nato a una partida semejante; avisé también al cojo Videla, uno de los muchachos más buenos y traviesos que he conocido, y —como habíamos tenido tiempo de prepararnos— el sábado, a las nueve de la noche, dejando cada uno en la cama respectiva (felizmente no estaban todas en el mismo cuarto) un muñeco con una peluca de crin, nos pusimos silenciosamente en marcha, a través de los potreros, llenos de un loco entusiasmo y forjando conquistas a millares.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker