Juvenilia
Juvenilia En esa ventana asamos una noche memorable las aves robadas en el corral de la despensa, aves sagradas para nosotros y que jamás figuraron en la mesa del refectorio; allà el salón de los exámenes escritos, donde algunos jóvenes valerosos entraban llevando el enorme Ganot distribuido por capÃtulos en todo el cuerpo y conociendo la topografÃa del terreno como César los campos de Munda; la fuente me saluda, la fuente de pico recto, la fuente que era necesario conquistar a puñetazos, porque el compañero que esperaba, interrumpÃa a menudo la absorción haciéndola interminable, por medio de la broma llamada del ternero mamón; aquà un condiscÃpulo querido de todos nosotros, que temÃamos no pasara en el examen escrito, nos dio una minuciosa explicación de cómo habÃa repartido sus fuerzas para el combate: en la nuca, entre camisa y camiseta, los capÃtulos de La Inteligencia, salvo La Razón, que, muy doblada, se ocultaba bajo el cuello, unida a la corbata por un alfiler; entre el elástico del botÃn derecho, La teorÃa de las facultades del alma; en un falso bolsillo del pantalón La Voluntad, excepto El Libre AlbedrÃo, que ocupaba un sitio indigno de su importancia filosófica; y allÃ, sobre el estómago, a mano como un puñal de misericordia, como recurso extremo, el Discurso sobre el método, que bien manejado, es un proteo multiforme, apto para satisfacer el programa entero…
—Señor doctor, le están esperando…