Juvenilia
Juvenilia —Voy, voy al momento.
¡Cuánta sonrisa en aquellas caras juveniles, si hubieran leÃdo las cosas que llenaban mi alma y dádose cuenta de las impresiones bajo las cuales ocupaba mi silla de examinador!
DecÃan las cosas que en otro tiempo yo habÃa dicho; usaban las mismas estratagemas que yo habÃa empleado y se lanzaban a cuerpo perdido en las partes de la bolilla que les eran conocidas, evitando con una habilidad de pilotos consumados las arcanas secciones no holladas por sus ojos infantiles. ¡Con qué elasticidad el compañero de atrás hacÃa mimbre su cuerpo, alargaba el pescuezo como una jirafa y llamando en su auxilio la voz susurrante soplaba con coraje! Yo nada veÃa, nada querÃa ver. Mis preguntas envolvÃan clara y precisa la respuesta cuando el discÃpulo era flojo, y con una sonrisa animadora, impulsaba a desenvolver su charla graciosa y ligera al que, habiendo estudiado, querÃa lucir su ciencia. ¡Ciencia divina, superficial, epicúrea, ciencia de un adolescente griego, explicando a su manera infantil los mitos homéricos, ciencia deliciosa que flota como un sueño en la región de la teorÃa borrándose al mes siguiente, porque no tiene la mordiente áspera de la experiencia propia!