Juvenilia
Juvenilia ¡Cuántas conspiraciones, cuántas tramas, qué gasto de ingenio y fuerza hicimos para luchar contra la fatalidad, encarnada a nuestros ojos en el portero, colgado de la cuerda maldecida! ¡Aquella cuerda tenÃa más nudos que la que en el gimnasio empleábamos para trepar a pulso! La cortábamos a veces hasta la raÃz del pelo, como decÃamos, junto al badajo, encaramándonos hasta la campana, con ayuda de la parra y las rejas, a riesgo de matarnos de un golpe. Muy a menudo la expectativa nos hacÃa despertar en la mañana, antes de la hora reglamentaria. De pronto oÃamos una campana de mano áspera, estridente, manejada con la violencia por el brazo irritado del portero, eterno preposé a las composturas de la cuerda. Se vengaba entrando a todos los dormitorios y sacudiendo su infernal instrumento en los oÃdos de sus enemigos personales, entre los cuales tenÃa el honor de contarme.