Juvenilia
Juvenilia Recuerdo haber pronunciado un discurso sobre la ignominia de ser gobernados, nosotros, republicanos, por un español monárquico, con citas de la Independencia, San MartÃn, Belgrano y creo que hasta la invasión inglesa.
Otros oradores me sucedieron en la tribuna, que era la plataforma de un trapecio, y la resistencia se resolvió. En esto oÃmos una detonación en el claustro, seguida de varias otras, matizadas de imprecaciones. Algunos conjurados habÃan esparcido en los corredores esas pequeñas bombas Orsini que estallaban al ser pisadas. Era monsieur Jacques, que entraba irritado como Neptuno contra las olas. Desgraciadamente, no creyó que convenÃa primero calmar el mar, sino que puso el quos ego… en acción. Al aparecer en la puerta del gimnasio, un estremecimiento corrió en las filas de los que acabábamos de jurar ser libres o morir.
No de otra manera dejaron los persas entrar el espanto en sus corazones cuando vieron a Pallas Athenea flotar sobre el ejército griego, armada de la espada dórica, en el llano de Maratón.