La guerra de las salamandras

La guerra de las salamandras

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y así continúa hablando… El mar es grande y el océano del tiempo no tiene límites. Escupa en el mar, hombre, y verá que ni se mueve; cuéntele su destino y no se conmoverá. Y así, después de muchas preparaciones y rodeos, llegamos al momento en que el capitán J. van Toch, del barco holandés Kandong Bandoeng, lamentándose y maldiciendo, sube a un bote para que le lleve al kampong en Tana Masa y tratar con el agente borracho, mestizo de cubano y portuguesa, algunos asuntos comerciales.

—Lo siento, capitán —dijo finalmente el mestizo—, pero aquí en Tana Masa no llega a crecer ningún molusco. Estos cochinos batacos —añadió con un gesto de asco—, se comen hasta las medusas, están más tiempo en el agua que en la tierra y las mujeres apestan a pescado. ¡No se lo puede usted imaginar…! ¿Qué estaba diciendo? ¡Ah, sí! Usted me preguntaba por mujeres.

—¿Y no hay por aquí un trocito de litoral —preguntó el capitán—, donde no se metan en el agua esos batacos?

El mestizo negó con la cabeza:

—No lo hay, señor, como no sea en la Bahía del Diablo… pero aquello no es para usted.

—¿Y por qué?

—Porque… allí no puede ir nadie. ¿Le sirvo más, capitán?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker