La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras Las fiestas de Nové Strasecí
El señor Povondra, portero de la casa del señor Bondy, pasaba aquel año las vacaciones en su pueblo natal. Nos encontramos con él el día antes de comenzar las fiestas del pueblo. El señor Povondra salió de paseo llevando de la mano a su hijo Frantik, de ocho años de edad.
En toda Nové Strasecí se sentía un agradable olor a tortas y buñuelos, y por las calles cruzaban las mujeres y muchachas llevando bandejas llenas de tortas sin cocer, en dirección al horno. En la plaza principal ya habían levantado dos puestos los confiteros, un tendero con sus artículos de cristal y porcelana, y una alborotada mujer que vendía toda clase de mercancía. Y además, había una especie de tienda de lona, cubierta por todas partes con pedazos de toldo. Un hombre pequeñito, subido en una escalera, estaba precisamente colocando un letrero.
El señor Povondra se paró curioso a mirar qué decía.
El hombre pequeñito bajó de la escalera y miró satisfecho el cartel colgado. Y el señor Povondra leyó, con gran sorpresa, lo siguiente:
