La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —Es un… es un animal verdaderamente extraordinario —dijo con admiración el señor Povondra. Pero como, a pesar de todo, tres coronas le parecÃa demasiado dinero, preguntó todavÃa al hombrecito—: ¿Y no tiene usted nada más por aquà que pudiera enseñar a este niño?
El hombrecito estiró el labio inferior con perplejidad.
—Eso es todo —dijo—. Antes tenÃa monas, pero con ellas siempre ocurre lo mismo —explicó poco preciso—. Como no quiera usted que le enseñe a mi mujer… Antes era la mujer más gorda del mundo. ¡Maruska, ven aquÃ!
Maruska se levantó con dificultad.
—¿Qué quieres?
—Ven a que te vea este señor.
La mujer más gorda del mundo inclinó la cabeza hacia un lado con coqueterÃa, adelantó una pierna y se levantó la falda por encima de la rodilla. Apareció una media roja de lana y de ella se veÃa sobresalir algo asà como un jamón.
—La circunferencia de la pierna, por arriba, es de 80 cm —explicó el hombrecillo—, pero hoy, con tanta competencia, Maruska ya no es la mujer más gorda del mundo.
El señor Povondra se llevó rápidamente al maravillado Frantik.