La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras El sindicato de las salamandras
El presidente G. H. Bondy hizo sonar la campanilla y se puso de pie.
—Respetable asamblea —comenzó—, tengo el honor de abrir esta reunión general extraordinaria de la Sociedad Exportadora del Pacífico. Doy la bienvenida a todos los presentes y les agradezco su numerosa asistencia.
»Señores —continuó con voz conmovida—, me toca el penoso deber de comunicarles una dolorosa noticia. El capitán John van Toch ya no existe. Ha muerto nuestro, por así decirlo, fundador, padre de la feliz idea de entablar relaciones comerciales con miles de islas del lejano Pacífico, nuestro primer capitán y ferviente colaborador. Falleció a principios de este año a bordo de nuestro barco Sárka, no lejos de la isla de Fanning, a consecuencia de un ataque cerebral que le sobrevino durante el cumplimiento de su deber. (“¡Vaya escándalo que debía de estar armando el viejo!” pensó Bondy). Les suplico que en honor a su memoria se pongan ustedes de pie.