La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras Los señores se pusieron de pie, haciendo un terrible ruido con las sillas, y guardaron un silencio solemne dominado por la idea común de si aquella reunión general iba a durar demasiado. (¡Pobre camarada van Toch!) —pensaba verdaderamente emocionado G. H. Bondy—. ¡Qué aspecto tendrá ahora! Seguramente lo arrojarÃan al mar, ¡habrÃa que haber oÃdo el chapoteo! Era un buen hombre y tenÃa unos ojos tan azules…).
—Muchas gracias, señores —añadió brevemente—, por haber recordado con tanta emoción al capitán van Toch, amigo personal mÃo. Suplico al Sr. director Volavka nos informe sobre los resultados económicos con que puede contar este año la S. E. P. Las cifras no son definitivas, pero les advierto que no esperen que puedan sufrir algún cambio considerable hasta fin de año. Asà que, señor director, haga usted el favor.