La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras Hemos mencionado antes las granjas de salamandras. Que no se imagine el lector grandes establos y campos cercados. Son sólo unos cuantos kilómetros de costa desnuda, en la que se elevan unas casitas con techos de pizarra. Una es para el veterinario, otra para el director, y, las demás, para el personal que guarda a las salamandras. Al llegar la marea baja es cuando se pueden ver, desde la costa hasta el mar, largos diques que dividen el litoral en varios estanques: uno para los renacuajos, otro para los Leading, etc. Cada categorÃa se entrena y alimenta por separado y ambas cosas se hacen al atardecer. A la puesta del sol las salamandras salen de sus agujeros y se acercan a la playa, reuniéndose alrededor de sus maestros que, por lo general, son militares retirados. Primero tienen una hora para aprender a hablar. El maestro dice una palabra, por ejemplo, cavar, y con el gesto indica a las salamandras su significado. Luego las forma en filas de cuatro y les enseña a marchar. A esto sigue media hora de gimnasia y, después, descanso en el agua. A continuación aprenden a usar las diferentes herramientas y armas, después de lo cual y bajo la vigilancia de sus maestros, hacen algún trabajo como práctica, construcciones acuáticas, etc. Terminado esto, las salamandras vuelven al agua y reciben su alimento, consistente en galletas especiales que contienen, principalmente, maÃz y sebo. Las salamandras Leading y Heavy son alimentadas con carne. La pereza o la desobediencia se castigan retirándole a la culpable el alimento. No se aplican castigos fÃsicos, porque la sensibilidad de las salamandras al dolor fÃsico es mÃnima. Con la salida del sol reina en las granjas de salamandras una tranquilidad sepulcral. La gente se va a descansar y las salamandras desaparecen bajo la superficie de las aguas.