La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras Esta rutina cambia solamente dos veces al año. Una, en la época de celo, en que se deja a las salamandras solas durante 15 días, y otra, cuando llega a la granja el barco-cisterna del Sindicato de las Salamandras, que entrega al director las órdenes sobre cuántas salamandras de cada clase han de ser embarcadas. La selección se hace por la noche. El oficial del barco, el director de la granja y el veterinario están sentados a una mesa iluminada por una lámpara, mientras que los guardianes y la tripulación del barco les cierran a las salamandras la salida al mar. Luego las salamandras se acercan, una a una, a la mesa y se las reconoce, apta o no apta. Las salamandras seleccionadas suben después a una barca que las conduce al buque-cisterna. La mayoría van voluntariamente, o sea, basta que se les dé una orden tajante. Algunas veces, sin embargo, es preciso usar un poco de fuerza como, por ejemplo, atarlas. Las larvas o renacuajos son, desde luego, recogidos en redes.