La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras Al aumentar las ganancias por la explotación de las salamandras surgió, también, el comercio pirata; el Sindicato de las Salamandras no pudo controlar y administrar todas las líneas en las que el fallecido capitán van Toch había llevado salamandras, especialmente las que dejó en las islas de Micronesia, Melanesia y Polinesia, así que muchas bahías en las que vivían y se multiplicaban las mismas, quedaron abandonadas. Como resultado de esto se estableció, junto a la cría racional de salamandras, la caza de las salvajes, que recordaba, en muchos aspectos, las antiguas expediciones a la caza de focas. En cierto modo, esta caza era ilegal, pero como no existía ninguna ley para la protección de las salamandras salvajes, sólo se podía perseguir a los piratas por intromisión en las aguas territoriales de este o aquel país. Y como al multiplicarse tan extraordinariamente en aquellas islitas las salamandras causaban un sinfín de molestias a los naturales del lugar, amén de destrozos en sus huertos y campos, esta caza de salamandras se consideraba, aunque en silencio, como un modo de regular la población salamándrica. Citamos una auténtica investigación judicial:
PIRATAS DEL SIGLO XX
E. E. K.