La guerra de las salamandras

La guerra de las salamandras

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Así pues, este comercio con las salamandras es, en realidad, un comercio ilegal, rigurosamente hablando, piratería moderna que, se puede decir, brotó de la noche a la mañana. Se asegura que casi una cuarta parte de las salamandras vendidas y compradas son capturadas de esta forma. Hay salamandras que no justifican, según el Sindicato, mantener granjas permanentes, y en algunas islas del Pacífico se han multiplicado de tal manera que empiezan a ser verdaderamente molestas. Los indígenas no las quieren, y aseguran que con sus agujeros y pasadizos están barrenando todas las islas. Por ello, tanto los centros coloniales como el Sindicato de las Salamandras cierran los ojos a esas incursiones. Se cree que hay unos cuatrocientos barcos piratas que sólo se dedican al robo de salamandras. Junto a pequeñas empresas, practican esta bucanería moderna sociedades navieras completas, entre las cuales la mayor es la Pacific Trade Comp., con sede en Dublín; su presidente es el honorable señor Charles B. Harriman. Hace un año las condiciones eran, relativamente, mucho peores. Entonces un bandido chino llamado Teng atacó directamente con tres barcos una granja del Sindicato, y no vaciló en asesinar al personal que trató de oponer resistencia. En el pasado mes de noviembre, Teng, con su pequeña escuadra, fue deshecho por el cañonero norteamericano Minnentonka, cerca de la isla de Midway. Desde esta fecha, la piratería contra las salamandras tiene un aspecto mucho menos feroz y goza de cierto auge, habiéndose fijado ciertas reglas que se respetan discretamente. Por ejemplo: al adentrarse en una costa extranjera deben ser retiradas las banderas de los mástiles; la piratería no será aprovechada para la importación y exportación de otras mercancías. Las salamandras no serán vendidas a precios de dumping y serán marcadas como de segunda calidad. En el comercio ilegal las salamandras se venden de veinte a veinticinco dólares la unidad. Se considera a dichas salamandras, aunque de una clase muy inferior, muy resistentes, debido a que han sobrevivido a las terribles condiciones existentes en los barcos piratas. Se calcula que en estos transportes mueren del 20 al 30% de las salamandras capturadas, pero las que quedan con vida son de una resistencia considerable. En la lengua comercial se las llama Maccarroni y, en los últimos tiempos, se las menciona en las noticias regulares del mercado.


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