La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —Y también Inglaterra va a tener dificultades. En la Cámara de los Comunes se habló de que la Gran Bretaña está quedando por detrás de otros paÃses en la construcción de obras acuáticas. Dicen que otras potencias coloniales construyen rápidamente nuevas costas y continentes, mientras que el Gobierno británico, en su desconfianza conservadora hacia las salamandras… Es verdad, mamá. Los ingleses son terriblemente conservadores. Yo conocÃa a un criado de la Embajada Británica, y a ése, aunque lo matases no le hacÃas comer nuestro embutido checo. DecÃa que en su paÃs no se come, y que él no lo comÃa tampoco. No me extraña, pues, que otros Estados se les adelanten —el señor Povondra movió gravemente la cabeza—. Francia amplÃa sus costas en Calais y los periódicos ingleses arman un escándalo diciendo que Francia los va a cañonear a través del canal. La culpa la tienen ellos. PodÃan haber ampliado sus costas en Dover y disparar contra Francia.
—¿Y para qué iban a disparar? —preguntó la señora Povondra.
—Esas cosas tú no las comprendes. Hay motivos militares para ello. A mà no me extrañarÃa que ocurriese allà algo. Allà o en otro lugar. Se comprende que ahora, a causa de las salamandras, la situación internacional es completamente diferente, mamá, completamente diferente.