La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras Algo se movÃa a su alrededor, pero no se divisaba bien qué era.
—Parecen focas —pensó Jensen—, pero las focas se arrastran de otra manera.
SalÃan del agua por entre las piedras y se contoneaban como pingüinos. Jensen remó silenciosamente y se aproximó a unos cien metros del capitán. SÃ, el capitán decÃa algo, pero ¡el diablo podÃa entenderlo! ParecÃa malayo o tamules. ExtendÃa las manos como si echase algo a aquellas focas («Pero no son focas» se decÃa Jensen) y, al mismo tiempo, les hablaba en chino o malayo.