La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras «Termina la tragedia de la especie humana», comenzó Wolf Meynert. «No nos dejemos engañar por su febril afán emprendedor y su felicidad técnica; eso es, solamente, lo que las manchas rosadas en el rostro del organismo marcado por la tuberculosis, por la muerte. Nunca pasó la Humanidad por una coyuntura tan alta como ahora, pero ¡encuéntrenme una clase social que esté satisfecha o una nación que no se sienta amenazada en su ser! En medio de todos los regalos de la Naturaleza, de las riquezas de Creso espirituales y materiales de tantos Estados, se apodera cada vez más de nosotros cierto sentimiento de inseguridad, angustioso e incómodo». Y Wolf Meynert, inexorablemente, analizaba el estado psÃquico del mundo de nuestros dÃas, esa mezcla de odio y miedo, desconfianza y megalomanÃa, cinismo y mala fe. En una palabra: desesperación, terminaba Wolf Meynert. Los tÃpicos espectros del fin. La agonÃa moral.