La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras Un silencio sin esperanzas se extiende por la redacción.
—Yo estuve el domingo en JevÃcko —dice dudando el señor tipógrafo.
—¿Y qué?
—Parece ser que está allà de vacaciones un tal capitán van Toch. Dicen que nació en JevÃcko.
—¿Qué van Toch?
—Uno gordo. Dicen que es capitán de un barco, ese van Toch. Algunos aseguran que ha sido pescador de perlas.
Golombek miró al señor Valenta.
—¿Y dónde las pescaba?
—En Sumatra y en las Célebes… en fin, por aquellos parajes. Parece ser que vivió allà unos treinta años.
—Hombre, no es mala idea —dice el señor Valenta—. PodrÃa hacerse un reportaje formidable. ¿Vamos, Golombek?
—Bueno, podemos probar —decide el señor Golombek bajando de la mesa en la que está sentado.
—Aquel señor es —dijo el posadero de JevÃcko. En el jardÃn, junto a una mesa, se arrellanaba en su asiento un hombre gordo con una gorra blanca de marinero, bebiendo cerveza y garabateando con su dedo Ãndice en el mantel. Los dos señores se dirigieron a él.
—Redactor Valenta.