La guerra de las salamandras

La guerra de las salamandras

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Bueno, si no le canso… Cuando aquel lagarto relamía la ostra, los otros, que lo estaban mirando, salieron a la playa. Algunos tenían también ostras en sus patas delanteras. Es bastante extraño, muchacho, que supieran arrancarlas, con aquellas manitas como las de los niños, de los cliffs. Se pararon un momento, como si tuvieran vergüenza, y después se dejaron quitar las ostras de las patas. Bueno, no eran solamente madreperlas, lo que me entregaban para que se las abriese, sino toda clase de indecentes conchas. Entonces yo las tiraba al agua y les decía: eso no, pequeños, con mi cuchillo no les voy a abrir esas tonterías sin valor. Pero cuando era una madreperla, la abría y tanteaba para ver si había alguna perla escondida. Luego, les daba el molusco para que se lo comieran. A todo esto, ya había algunos cientos de lagartos a mi alrededor, mirando cómo abría yo las ostras. Y algunos trataban de imitarme, metiendo un pedacito de concha de las que había tiradas por la arena, y haciendo los mismos movimientos que hacía yo con mi cuchillo. Eso me extrañó mucho, muchacho, porque no hay ningún animal que sepa cómo manejar las herramientas. Dígase lo que se diga, el animal no es más que parte de la naturaleza. Cierto que en Buitenzorg vi una vez a un mono que abría con una navaja una de esas latas… de conserva, creo que se llaman. Pero un mono no es un animal cualquiera, señor mío, y aun así, me pareció muy raro.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker