La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras El capitán bebió otra vez.
—Sólo aquella noche encontré en las madreperlas que me dieron a abrir ¡dieciocho perlas! Las habÃa pequeñitas y más grandes, y tres de ellas eran como huesos de fruta, señor. ¡Asà de grandes! —el capitán van Toch movió ceremonioso la cabeza—. Cuando a la mañana siguiente volvà a mi barco, me dije: «Capitán van Toch, ¡lo habrás soñado todo! Estabas borracho, sir». ¡Pero era inútil! En este bolsillo tenÃa las dieciocho perlas. Yes.
—Ésta es la mejor historia —suspiró el señor Bondy— que he oÃdo en toda mi vida.