La guerra de las salamandras

La guerra de las salamandras

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El señor Abe Loeb parpadeaba al contemplar la puesta de sol. Hubiera querido expresar de alguna forma lo hermoso que era todo, pero su Queridita Li, alias Miss Lily Valley, de verdadero nombre Lilian Nowak, en resumen, Cabellos de oro, la blanca Lily, esa larguirucha de Lilian y toda la serie de nombres que le decían hasta sus diecisiete años, dormía sobre la cálida arena envuelta en un suave albornoz y hecha un ovillo, como un perrito cuando duerme. Por eso el señor Abe no dijo nada sobre la belleza de la naturaleza y se limitó a suspirar, urgándose los dedos de sus pies descalzos, porque se le había metido arena entre ellos. Allá en el mar estaba anclado el yate Gloria Pickford, regalo de papá Loeb por el éxito de sus exámenes de ingreso en la Universidad. Papá Loeb era un hombre formidable. Jesse Loeb, magnate cinematográfico, etc. «Abe, convida a un par de amigos o amiguitas y ve a conocer un poco de mundo», le había dicho el viejo. ¡Qué tipo tan formidable es papá Loeb! Allá, en la superficie nacarada, se mece el Gloria Pickford, y aquí, en la caliente arena, duerme su Queridita Li. Abe suspiró feliz. «Duerme como un niño, pobrecita». El señor Abe Loeb sintió un inmenso deseo de protegerla de alguna manera. «En realidad, debería casarme de verdad con ella», piensa el joven señor Loeb, sintiendo en su corazón una hermosa y atormentadora pulsión, compuesta de firme decisión y temor. Mamá Loeb, desde luego, no estaría de acuerdo, y papá Loeb alzaría los brazos al cielo y exclamaría: ¡Estás loco, Abe!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker