La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —¡Que manden aquà a algún novato y les descubrirá tantas cosas que se quedarán boquiabiertos! Pero pedirle eso a uno que conoce el lugar como el capitán van Toch… ¡Compréndalo, señor! En Europa podrÃan descubrirse quién sabe cuántas cosas, pero ¿aquÃ? Aquà la gente viene solamente a husmear lo que se puede zampar y, ¡ni siquiera zampar! Lo que se puede comprar y vender. Señor mÃo, si en estos malditos trópicos quedara todavÃa algo que tuviese algún precio, habrÃa ya tres agentes, gesticulando y haciendo señas con sus sucios pañuelos a los barcos de siete naciones para que se detuvieran. Asà es la cosa, señor. Yo esto lo conozco mejor que los empleados del Ministerio de Colonias de S. M. la reina… con perdón.
El capitán van Toch hace esfuerzos por dominar su justa indignación, lo que consigue después de maldecir y jurar un rato.