La krakatita
La krakatita Prokop se sujetó la cabeza de tal manera que incluso la gente paraba para mirarlo. Pero ¡por dios, si había dejado allí arriba, en su laboratorio de Hybšmonka, en una caja de porcelana, casi ciento cincuenta gramos de krakatita! O sea, suficiente para arrasar, no sé, ¡todo el distrito! Se quedó petrificado por el horror, y después salió al galope hacia el tranvía: ¡como si ahora importara ese par de minutos! Pasó un infierno mientras el tranvía se arrastraba hasta la otra orilla; después abordó al trote la ladera del barrio de Košíře y voló hasta su caseta. Estaba cerrada con llave, y Prokop buscó inútilmente en los bolsillos algo similar a una llave. Al atardecer echó un vistazo a su alrededor, como un ladrón, rompió el cristal de la ventana, abrió el pestillo y se coló en la casa por la ventana.