La krakatita
La krakatita —Carson —dijo presuroso, y continuó en alemán—: ¡Dios mÃo, me alegra que haya vuelto! ¿Ha leÃdo usted mi anuncio?
—Sà —respondió Prokop en un pesado alemán con fuerte acento—. ¿Y qué es lo que está buscando?
—A usted —dijo el invitado, contento a más no poder—. ¿Sabe que le llevo buscando ya seis semanas? Todos los periódicos, todas las agencias de detectives, ¡jaja, caballero! ¿Qué me responde a eso? ¡Caray, vaya si me alegro! ¿Qué tal le va? ¿Recuperado?
—¿Por qué me ha robado? —preguntó Prokop ceñudo.
—¿Perdón?
—¡Por qué me ha robado!
—Pero señor ingeniero —dijo el felicÃsimo hombrecillo sin titubear y sin inmutarse por la regañina—. ¿Cómo puede decir eso? ¡Robar! ¡Carson! ¡Es algo fabuloso, jajaja!
—Me ha robado —repitió Prokop obstinado.