La krakatita
La krakatita La fábrica de Balttin no le pareció por su aspecto exterior demasiado grande. Se sobresaltó un poco cuando encontró, en lugar de un portero, una guardia del ejército. Le preguntó por el señor Carson (¡… maldita sea, si ese tipo no se llama así!), pero el soldadito no dijo ni pío y lo condujo con su bayoneta hasta el sargento primero. Éste no dijo mucho más y condujo a Prokop hasta el oficial. «No conozco a ningún ingeniero Carson aquí», dijo el oficial, y ¿qué decía el caballero que quería de él? Prokop anunció que realmente quería hablar con el señor Tomeš. Aquello tuvo sobre el oficial un efecto tal, que mandó llamar al comandante. El comandante, un hombre obeso y asmático, se dispuso a interrogar a fondo a Prokop para descubrir quién era y qué había venido a hacer allí. En ese momento había ya en la oficina unos cinco militares que miraban de arriba a abajo a Prokop, hasta el punto de que éste comenzó a sudar. Era obvio que esperaban a alguien a quien, mientras tanto, habían telefoneado. Cuando aquel alguien entró como un vendaval, resultó que era el señor Carson; lo trataban con el título de director, pero su verdadero nombre Prokop no lo descubriría nunca. Gritó de alegría cuando avistó a Prokop, y afirmó que lo estaban esperando, etc., etc. En seguida mandó telefonear «a palacio» para que prepararan las habitaciones de invitados «de caballeros», cogió a Prokop por el brazo y lo paseó por el complejo balttiniano. Resultó que lo que Prokop había tomado por una fábrica era sólo el edificio del cuartel y el parque de bomberos, junto a la entrada. Desde allí una calzada conducía a través de un túnel hasta un terraplén cubierto de plantas, de unos diez metros de alto. El señor Carson llevó a Prokop arriba, y sólo entonces se hizo Prokop una idea aproximada de lo que eran las fábricas balttinianas: toda una ciudad de almacenes de munición señalizados mediante números y letras, montecillos recubiertos de hierba, que por lo visto eran depósitos, un poco más allá una estación de carga y descarga con rampas y grúas, y tras ella unos edificios totalmente negros y unas casetas de tablones.