La krakatita
La krakatita —Pues sÃ. Una pieza de anticuario, para funciones representativas. Por desgracia, tiene ataques de apoplejÃa regularmente, una vez por semana. Pero Wille es una muchacha fabulosa. También está Egon, un zángano, dieciocho años. Ambos huérfanos. Además los invitados, su primo el prÃncipe Suwalski, todo tipo de mandamases del ejército, Rohlauf, von Graun, sabe, del Jockey Club, y el doctor Krafft, su preceptor, y ese tipo de compañÃa. Hoy por la noche debe venir a conocernos. Una velada con cerveza, nada de aristócratas, sólo nuestros ingenieros y similares, ¿sabe? AllÃ, en mi casa de campo. Es en su honor.
—Carson —dijo Prokop con severidad—. Quiero hablar con usted antes de marcharme.
—Eso no corre prisa. Descanse, y asunto concluido. Bueno, yo debo irme a trabajar. Puede hacer lo que se le antoje. Nada de formalidades. Si quiere darse un baño, allà hay un estanque. Nada, nada, más tarde. Póngase cómodo. SÃ.
Y desapareció.