La krakatita
La krakatita Después de cinco semanas ya caminaba con muletas; volvió a ir cada vez más frecuentemente al laboratorio y a trabajar como poseso hasta que sentía de nuevo dolor en la pierna, de modo que de camino a casa iba colgado, literalmente, del brazo del atento Holz. El señor Carson estaba exultante al ver a Prokop tan mesurado y trabajador, y a veces hacía alusión a dónde descansaba en paz la krakatita, aun cuando ése era un asunto del que Prokop no quería saber nada.