La krakatita
La krakatita —De ningún modo —dijo Prokop aplastando entre los dedos arena filtrante.
—¿Qué estás haciendo?
—Explosivos. Perdona, la botella —se dirigió a la princesa.
Ella se la entregó con un «toma» provocativo y sin rodeos. Oncle Rohn dio un respingo, como si lo hubieran pinchado; pero entonces lo fascinó el apresurado pero infinitamente cauteloso esmero con que Prokop destilaba un lÃquido transparente sobre un montoncito de arena. Carraspeó y preguntó:
—¿Qué es lo que provoca la ignición?
— Una sacudida —respondió Prokop, que continuó contando gotas.
Oncle Charles se giró hacia la princesa.
—Si tienes miedo, oncle —dijo ella con sequedad—, no tienes por qué esperarme.
El prÃncipe se sentó resignado y dio un golpecito con el bastón a una lata de melocotones de California.
—¿Qué es esto?
—Es una granada de mano —explicó Prokop—. Hexani-trofenilmetil-nitramina y tuercas. Sopéselo.
Oncle Rohn quedó perplejo.