La krakatita
La krakatita —¿No serÃa quizás… adecuado… tener un poco más de cautela? —preguntó mientras hacÃa girar entre los dedos una caja de cerillas que habÃa cogido de la mesa.
—Sin duda —estuvo de acuerdo Prokop, y le arrebató la caja de la mano—. Esto es cloruro de argón. No juegue con ello.
Oncle Charles frunció el ceño.
—Todo esto me da la impresión ligeramente desagradable… de que me está intentando intimidar —observó con aspereza.
Prokop tiró la caja sobre la mesa.
—Ah, ¿s� Yo, por mi parte, me sentà intimidado cuando me amenazasteis con trasladarme a una fortaleza.
—… Puedo decir —dijo Rohn tras tragarse esa réplica—, que este comportamiento… no me impresiona lo más mÃnimo.
—Pero a mà me impresiona de un modo tremendo —sentenció la princesa.
—¿Temes que pergeñe algo? —se dirigió a ella le bon prince.
—Espero que pergeñe algo —dijo esperanzada—. ¿Crees que no lo conseguirÃa?
—No tengo la menor duda —le espetó Rohn—. ¿Nos vamos ya?
—No. Me gustarÃa ayudarle.