La krakatita
La krakatita TenÃa un aspecto terrible y monstruoso, con espumarajos alrededor de la boca, el rostro abotargado y los ojos de un desequilibrado, que vagaban en el nistagmo de la demencia. La princesa se arrimó a la pared, lÃvida, con los ojos desencajados y los labios torcidos por el terror.
—¡Vete —chilló—, vete de aquÃ!
—No temas —dijo Prokop ronqueando—, no voy a matarte. Siempre me has aterrado; incluso cuando…, incluso cuando eras mÃa, me horrorizabas y no podÃa confiar en ti… ni por un segundo. Y sin embargo, sin embargo te… No voy a matarte. Sé… sé bien lo que hago. Yo… yo… —Buscó algo, agarró un frasco de agua de colonia, derramó un buen chorro sobre sus manos y se lavó la frente—. ¡Ah, ah —suspiró—, ah, ahá! ¡No temas! No… no…
Se calmó un poco, se desplomó sobre una silla y se agarró la cabeza con las manos.