La krakatita
La krakatita —La he amado —salió de su boca—, la he amado más de lo que serÃa capaz de expresar con palabras. Soy un hombre bajo y tosco; pero ahora puedo decirle que… que la he amado de un modo diferente… y más. La tomé… me aferré a usted con la angustia de que no era mÃa, de que se me escaparÃa. Quise asegurarme… Nunca fui capaz de creerlo, y por eso… —Sin saber qué hacer, puso su mano en el hombro de la princesa; ella se estremeció bajo la fina tela del peignoir—. La he amado… hasta la desesperación…
Ella dirigió la mirada hacia Prokop.
—Amor mÃo —susurró la princesa, y una mortecina oleada de sangre recorrió su pálido rostro. Prokop se inclinó inmediatamente y besó sus labios temblorosos; ella no se resistió.