La krakatita
La krakatita Prokop corrió hacia el coche; la muchacha tras él. El coche dio una sacudida y se adentró volando en la oscuridad. Hacía un frío gélido; la joven temblaba dentro de su ligero vestido, de modo que Prokop la envolvió en un abrigo de piel y él se apartó al otro rincón. El coche iba a toda velocidad por un camino de tierra espantoso, se zarandeaba de un lado a otro, el motor fallaba para, inmediatamente después, volver a coger velocidad. Prokop se estaba helando y se apartaba cada vez que un envite del coche lo lanzaba hacia la muchacha acurrucada. Ella se deslizó hacia Prokop.