La krakatita
La krakatita El anciano caviló mientras mascullaba con sus blandos labios.
—Fue por tu orgullo —dijo pausado—. A veces le ocurren estas cosas a la gente, sin saber cómo, pero era algo que estaba en su interior. Y empieza a agitar lo que está a su alrededor… —Se lo demostró con la fusta, de tal modo que el caballito se asustó y empezó a correr—. Prrr, ¿qué?, ¿qué? —se dirigió con una vocecilla fina al caballo—. Lo ves, esto es justo lo que ocurre cuando una persona joven se revuelve; todo se desboca con él. Y tampoco hace falta realizar grandes hazañas. Siéntate y presta atención al camino; vas a llegar igual.
—Abuelo —se lamentó Prokop entrecerrando los ojos de dolor—, ¿he actuado mal?
—Mal y bien —dijo el viejo con prudencia—. Has hecho daño a la gente. Si hubieras tenido sentido común, no lo habrÃas hecho; se debe usar el sentido común, y uno debe pensar para qué sirve cada cosa. Por ejemplo… puedes quemar un billete de cien o pagar lo que debes; si lo quemas, parece algo más grande a primera vista, pero… Lo mismo ocurre con las mujeres —añadió inesperadamente.
—¿He actuado mal?
—¿Cómo?
—¿He sido malvado?