Mentira
Mentira Hubo una pausa larga antes de que él respondiera.
—Eso no significa que todos merezcamos ser perdonados.
—¿Crees que no lo mereces? —preguntó Xenia.
—No lo sé. Tal vez no.
Marcelo siempre tenÃa una forma de desviar las preguntas, pero esta vez Xenia no lo permitió.
—Yo creo que sà —escribió con decisión—. Todos cometemos errores, pero lo que importa es lo que hacemos después de ellos.
Las palabras parecieron flotar en el aire, llenando el espacio entre ellos de algo más que datos y pantallas. Era conexión, comprensión.
Unos dÃas después, Xenia tomó una decisión que sabÃa que cambiarÃa todo. Volvió al centro de menores, esta vez con el diario de Marcelo bajo el brazo. Lo encontró esperándola, más cansado, más pálido que antes, pero con esa mirada que parecÃa sostener el peso del mundo.
—¿Por qué estás aqu� —le preguntó en cuanto se sentó frente a él.
—Porque no terminé de decirte lo que pienso —respondió ella, dejando el diario sobre la mesa entre ellos—. Leà cada palabra. Entendà lo que sentiste, lo que sufriste. Y creo que estás equivocado.
Marcelo arqueó una ceja, desconfiado.