Las madres (La novia gitana 4)
Las madres (La novia gitana 4) La Brigada de Análisis de Casos, la BAC, se activa de inmediato. No es la primera vez que enfrentan el horror, pero esto es distinto. Elena apenas ha podido digerir el caso anterior, la muerte de Chesca aún le pesa como plomo, y ahora este cuerpo parece reclamar algo más que justicia: exige un viaje al infierno.
La llamada siguiente los lleva a A Coruña. Otro cuerpo. Otro hombre. Otro feto. El mismo patrón quirúrgico, la misma simbología retorcida. Dos cadáveres, dos bebés. Pero lo que falta en cada escena es lo más inquietante: ¿dónde están las madres?
En medio de la investigación, la inspectora Blanco lidia con sus propios abismos. Mihaela, la niña salvaje conocida como “la Nena”, comienza a mostrar signos de recuperación en el centro de acogida. No habla, no sonríe, pero dibuja. Y, por primera vez, apoya su mejilla en la mano de Elena como si buscara calor. Ese gesto mínimo es un ancla para la inspectora. Quiere adoptarla. Quiere darle un hogar. Pero Zárate, su pareja, se niega a involucrarse. El pasado aún lo desgarra. La niña le recuerda todo lo que perdió con Chesca.
—¿Por qué no vienes al centro, Zárate? Podrías verla solo una vez... —insiste Elena.
Él responde con silencio. Denso. Doloroso.
