Las madres (La novia gitana 4)
Las madres (La novia gitana 4) La BAC sigue las pistas. La Citroën blanca, la furgoneta del primer crimen, fue encontrada cerca de la Cañada Real. El dueño, un hombre común que la había reportado como robada, está demasiado traumatizado para aportar algo. Pero en el interior, la ciencia forense encuentra cabellos, fibras, huellas. Una maraña de indicios que apunta hacia lo imposible.
—¿Y si esto no es solo un asesinato ritual? —plantea Orduño, uno de los agentes—. ¿Y si estamos ante una organización?
La teoría se instala como un veneno lento. No hay notas de chantaje, no hay firmas de grupo. Solo cadáveres con fetos de sus propios hijos dentro. Algo ancestral, oscuro. Como si una fuerza primitiva se hubiera filtrado en el tejido de la ciudad.
Mientras tanto, en México, una joven llamada Violeta recuerda a sus amigas desaparecidas. Las mataron, las vaciaron, les robaron el alma. Y ella, por pura suerte o por castigo, sobrevivió. Pronto, su historia se entrelazará con la investigación de la BAC.
Pero eso aún está por venir.
Por ahora, la furgoneta blanca sigue abierta como una herida. Y Elena Blanco, con una mano en el volante y la otra acariciando las cicatrices de Mihaela en su mente, siente que la oscuridad ha vuelto a moverse. Esta vez, más cerca que nunca.
