Cómo ganar amigos e influir sobre las personas
Cómo ganar amigos e influir sobre las personas No es preciso esperar a que nos elijan embajador en Francia o presidente de la sociedad a que pertenecemos, para emplear esta filosofía del aprecio de los demás. Casi todos los días se pueden obtener resultados mágicos con ella.
Si, por ejemplo, la camarera nos trae puré de papas cuando hemos pedido papas fritas a la francesa, digámosle: «Siento tener que molestarla, pero prefiero las papas a la francesa». Ella responderá: «No es molestia», y se complacerá en satisfacernos, porque hemos demostrado respeto por ella.
Frases insignificantes, como «Lamento molestarlo», «Tendría usted la bondad de…», «Quiere hacer el favor de…», «Tendría usted la gentileza», o «Gracias»; pequeñas cortesías como éstas sirven para aceitar las ruedas del monótono mecanismo de la vida diaria y, de paso, son la seña de la buena educación.
Busquemos otro ejemplo. Las novelas de Hall Caine fueron grandes bestsellers en las primeras décadas del siglo. Millones de personas las han leído. Era hijo de un herrero. No fue a la escuela más que ocho años, y sin embargo cuando murió era el literato más rico de su época.